¿Qué es vocación?

Viene del término (en latín) ‘vocare’ : llamar.

Es el llamado que Dios hace para participar en la misión de la Iglesia. Misión es el envío radical por parte de Dios, la llamada a servirle en la entrega indisoluble a Él y al prójimo, es dejar que Dios se posesione de toda la vida y la configure toda a su antojo. Así comprendida la vocación surge un agradecimiento enorme porque Dios se ha fijado especialmente en nuestra persona.

La vocación no sólo es aquello qué te hace sentir bien, donde te sientes realizado o donde pones a realizar tus talentos y habilidades: la vocación sobre todo es un don precioso de Dios, un tesoro oculto que hay que descubrir a través de señales que él mismo va poniendo en nuestro camino.

La vocación es algo dinámico que tiene que ver con nuestras inquietudes más profundas. La vocación no es un asunto marginal, sin importancia, sino que es la cuestión más importante en la vida de cada cual. No sólo es una opción personal, sino que tiene que ver sobre todo con los demás.

En algún momento de la vida todas las personas deben plantearse la cuestión de su vocación. La vocación no es evidente, hay que descubrirla a través de las experiencias y en el contacto asiduo con Dios en la oración. No se encuentra solo por los gustos y cualidades que tenemos, es necesaria una determinación fundamentada en valores profundos y libremente asumidos.

Quienes encuentran su vocación hacen lo que les gusta y desarrollan sus capacidades pero eligen su futuro escuchando a Alguien.

Todos tenemos vocación, todos somos llamados, la vida tiene sentido. Sólo podremos ser felices si nos esforzamos por recorrer el camino que Dios ha puesto ante nosotros.

La vocación es, por decirlo así, el proyecto de vida que Dios nos propone, dejándonos la libertad de asumirlo como propio. Es una llamada gratuita de parte de Dios, a nosotros, que somos sus hijos. Dios no deja de llamar.

Fuentes:
Uribarri Gabino, SJ. “Reavivar el don de Dios” (2Tim 1,6) Una propuesta de promoción vocacional. Editorial Sal Terrae, España 1997
Sacerdotes Operarios Diocesanos SOL A.C. “Abrir espacion vocacionales”, Materiales para el proceso vocacional inicial. Servicios de Animación Vocacional Sol, A.C. México 2008
Sacerdotes Operarios Diocesanos SOL A.C. “Yo te envío”, Cuaderno de acompañamiento vocacional. Servicios de Animación Vocacional Sol, A.C. México 2008

Dios nos hace 4 invitaciones:

 

Hay cuatro vocaciones específicas:

Matrimonio, Vida Célibe, Consagrada/religiosa y Sacerdocio.

La vocación específica al Sacerdocio

La vocación al sacerdocio es una llamada muy especial. La llamada del hombre está primero en Dios: en su mente y en la elección que Dios mismo realiza y que el hombre tiene que leer en su propio corazón. Al percibir con claridad esta vocación que viene de Dios, el hombre experimenta la sensación de su propia insuficiencia. Trata incluso de defenderse ante la responsabilidad de la llamada. Y así, como sin querer, la llamada se convierte en el fruto de un diálogo interior con Dios y es, incluso, hasta a veces como el resultado de una batalla con Él.

La vocación sacerdotal es esencialmente una llamada a la santidad según la forma que nace del sacramento del Orden. Santidad es intimidad con Dios, es imitación de Cristo pobre, casto y humilde, es amor sin reservas a las almas y entrega a un bien verdadero, es amor a la Iglesia que es santa y nos quiere santos porque tal es la misión que Cristo le ha confiado. Cada uno debe ser santo para ayudar a los demás a seguir su vocación a la santidad.

Los sacerdotes viven su consagración bautismal en el trabajo por edificar la Iglesia y mantener su unidad. Hacen presente a Cristo lleno de misericordia. Los sacerdotes se entregan a la Iglesia para servir.

El sacerdote se caracteriza por la posesión de un instinto evangélico para indicar el camino por el que el conjunto de la comunidad debe avanzar en el seguimiento humilde, valeroso y esperanzado de las huellas y llamadas de su Señor. Los sacerdotes son como una luz que se enciende en el corazón, predican, perdonan, bendicen, ungen a los enfermos.

Evidentemente, hay modalidades diferentes de vivir el sacerdocio. Básicamente, hay un tipo de existencia presbiteral orientado al servicio de una comunidad local concreta, la parroquia o la diócesis: el sacerdote diocesano o cura de parroquia. Pero en la historia de la Iglesia ha surgido también otra manera de vivir el presbiterado: la de los religiosos.

El ser sacerdotal del presbítero se asienta en una doble expresión sacramental: la Eucaristía y el sacramento del orden. El sacerdote es el hombre de la Eucaristía por antonomasia, porque él repite, con toda su fragilidad y estremecimiento, las mismas palabras que el Señor pronunció en la última cena, cuando se sentó por última vez a la mesa con los suyos.

Fuentes:
Pedro Beteta, “La vocación explicada por Juan Pablo II”, Palabra, España 2011.
Uribarri Gabino, SJ. “Reavivar el don de Dios” (“Tim 1,6) Una propuesta de promoción vocacional. Editorial Sal Terrae, España 1997

Comments are closed